Pura madre

irenebuena

Estoy en medio de una mudanza. Mientras escribo, mi vida gira hacia otro lugar emocional y físicamente. Eso de empacar para vacaciones lo hago de volada ¿se acuerdan? pero las mudanzas de casa nomás no se me dan.

De pequeña me cambié tres veces: a los tres años –y no me acuerdo–, a los 15 y fue a dos casas (eso no vale) y a Wisconsin un año. Cuando me casé realmente no fue una mudanza como tal; me llevé una maleta y muchos deseos. Nos hemos cambiado dos veces y esta es la tercera.

Los dueños de esta casa nos dejaron dos tapetes uno de ellos es blanco con negro; yo muy linda, lo mandé a lavar para entregarlo en buenas condiciones, cuando movimos la mesa, exactamente debajo del soporte la alfombra estaba impecable; siento decirles que la lavada no igualó el color blanco original, quedó percudido.

Me siento un poco mal pero sé que los dueños entenderán (espero) que mantener una alfombra impecable debajo de la mesa del comedor y teniendo dos niños en casa es una tarea imposible. Así como es imposible salir de cualquier situación sin ninguna experiencia.

El tapete de pronto se convirtió en una analogía de mi vida hasta el momento. Como padres, todos deseamos que nuestros hijos nunca sufran, cuidarlos como aquel pedazo de tapete impecable. Imposible y tonto deseo porque la vida se trata de todas esas manchas que nos dejan marcados. Todas las experiencias que hacen que nuestra vida sea más divertida, interesante, complicada y a veces estresante.

Una vida llena de risas, lágrimas, momentos y recuerdos a veces acompañados otros en soledad es una vida eufórica o deprimida con diferentes matices, porque eso sí, la vida no es como el tapete blanco y negro, hay muchos grises en el medio.Y sí, a veces una limpieza a fondo es necesaria, sacar lo que no nos sirve, despegarnos de personas y cambiar el rumbo aunque el boleto de nuestro deseo tenía otro destino.

Y mientras ustedes leen este texto estaré desempacando e instalándome en una nueva casa con muchas maletas y más sueños.

Eso sí, esta vez aprendí que debo dejar de juntar pura madre.

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