Marcianos enfermos

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Ni los hombres no son de Marte ni las mujeres de Venus. Pero sí somos distintas, tenemos algún chip o algo en el ADN que nos hace reaccionar de forma distinta. Citaré solamente una cosa que de verdad no entiendo y me molesta. Cuando los hombres se enferman son más dramáticos que nosotras.

Para empezar tienen la etapa de la negación: «No tengo nada, sólo estoy cansado», y no se les ocurra sugerirles ir al doctor: «Ya mañana voy a estar mejor», dicen. Pasan dos días y siguen tumbados. Ya hasta que ven cerca la luz al final del túnel es cuando deciden ir al doctor, sino es que debemos correr a urgencias.

Ya que llegan al consultorio (a regañadientes) tres o cuatro días después de que se les sugirió, les da por cuestionar el diagnóstico: «No creo que necesite análisis, exagera el doctor» o «¿Antibiótico? Si sólo es una molestia en la garganta». Ante la insistencia de una se toman la medicina y de verdad batallamos más que con los chiquitos. Tenemos que andar como su mamá recordándoles la hora y dosis de la medicina.

Y no quiero tocar el punto de la recuperación, entre que ya llevan cuatro días enfermos y después por órdenes del doctor tienen que guardar reposo, ya pasó semana y media.

Yo no puedo enfermarme. Las mamás en general no tenemos ese derecho. Si por cualquier cosa llego a sentirme mal, corro al doctor inmediatamente, sigo el tratamiento al pie de la letra y me cuido un día solamente para estar al cien por ciento lo más pronto posible. Me da pavor contagiar a mis hijos y entre tareas, clases extras o similares debo de estar bien.

La nena un día me preguntó: «Mami, ¿cómo es que nunca te contagias cuando nos enfermamos?» A lo que respondí: «Es un súper poder que tenemos todas las mamás».

Tal vez sí, al final de todo los hombres son de Marte y las mujeres somos de Venus.