Acompañar a mi adolescente

Yo tengo un hijo de la edad de Federico, el agresor de los hechos ocurridos en Monterrey, y hoy más que juzgar a los papás de ese niño me puse a analizarme a mi.
¿Reviso la mochila de mi hijo? No
¿Tengo la clave de su celular? No
¿Estoy diario por las tardes a su lado? La mayoría de los días si pero a veces no.
Entré en pánico.
Me considero una buena mamá y me tranquiliza los valores que le he inculcado a mi hijo unido al ejemplo que le doy diariamente.
Ayer decidí hablar con mi hijo y decirle lo que pasó. Gracias a Dios no estaba enterado ni vio el video. Pero yo sabía que hoy iba a ser el tema en la escuela y mejor quise adelantarme y decírselo yo; además desde hoy van a revisar las mochilas a la entrada.
Le hable de lo que pasó, le pedí que no viera el video. No hay razón. Y que estuviera al pendiente de los grupos en FB que incitan a la violencia. Que no caiga en ellos.
Que este al pendiente si hay algún compañero que habla de hacer daño. Se puedo prevenir.
El chiste es que no se calle por miedo o pena. Que hable.
Me dijo que no sabía de esos grupos secretos en Facebook (Quiero creerle y revisarle de todas formas el celular).
Antes de dormir me dijo: “Mira mamá estuve mezclando una canción con un programa de DJ en mi celular es la primera que hago quiero que la escuches”.
Vi el reloj y ya pasaban de las 12 pero pensé que para él era importante asi que decidí hacer de la vista gorda y esperar 3 minutos más para que se durmiera.
Me puse los audífonos y mi hijo se acercó y me pidió que le rascara la espalda.
Mientras escuchaba su creación y lo tenía cerca agradecí infinitamente esos tres minutos en los que me quiso compartir lo que hace, en los que me quiso tener a su lado y oré para que siga siendo así.
Tomaré acciones, pero más que hacer hay que hablar con ellos de la realidad, que estén alertas y fomentar su autoestima, su seguridad para que en el momento en el que tenga que tomar una decisión fuerte lo haga. Para que vea que las consecuencias pueden ser fatales y que con un solo niño que hubiera tenido los pantalones de hablar sobre la amenaza se hubiera podido prevenir.
Esto para mí es una llamada de atención, una muy dolorosa y triste sobre una generación de niños que se sienten solos con padres en modo avión que viven conectados a sus dispositivos. En el que por llamar la atención o sentir que pertenecen a un grupo toman malas decisiones.
Los adolescentes están en su búsqueda, en encontrarse, se cierran y se ponen un caparazón impenetrable. No importa, debemos estar cerca, hablar, hablar, hablar, algo se les quedará. No darnos por vencidos con mano firme y un amor incondicional estar ahí para ellos.

Anuncios

Seguridad, Gratitud y Perdón.

Sabes que estás en paz cuando puedes dormir tranquilo, sin angustias, sin ansiedades.

Últimamente he estado tomándoles fotos a mis hijos dormidos. Me encanta su paz. Su tranquilidad al dormir, puedo verlos así toda la noche.

Mi hija duerme con peluches, los abraza, su favorito es un perro pastor alemán, pero me pregunto: ¿necesitará sentirse protegida?
Mi hijo pone en su buró a su elfo mágico y me pregunto lo mismo: ¿Necesitarán un refuerzo en la noche; algo en el que ellos depositen sus miedos?

¿Qué podemos hacer como padres para que conserven esa paz que tienen los hijos?
Lo que he leído y aplicado son 3 cosas:
1. Mostrarse como un padre seguro.

Somos su ejemplo y su pilar. Esa seguridad se les transmite a veces sin decirlo con palabras. Ellos lo saben. Un padre fuerte que sabe lo que hace les da estabilidad.

2. Gratitud.

Recordarles lo afortunados que son. Es cierto que los niños y más los pre-adolescentes se sienten que si no están con el último gadget no pertenecen a su grupo de amigos, las niñas si no estrenan outfit cada fiesta están “out” es por eso que hay que recordarles que tienen todo; escuela, techo, comida, familia, amor, amigos y enséñenles a dar gracias por eso mismo.
Les recomiendo un documental mexicano “Los Herederos” (lo encuentran en YouTube) sobre el trabajo infantil en México; yo llevé a mi hijo a ver el documental a los 7 años y entendió perfectamente la fortuna de poder ir a la escuela y hasta de tener tiempo para jugar.

3. Perdonar.
Creo que este punto es el más importante. Debemos aprender a soltar rencores, apegos y personas.
En algún lugar me dijeron que eso de no desprenderse viene desde que somos bebés. Ya saben que hay una etapa en la que los niños toman algo y lo tiran, uno lo levanta y se lo vuelve a dar al pequeño; acto seguido el bebé lo vuelve a tirar y se repite la historia cien o mil veces más y ¿cómo reaccionamos los adultos? Exclamando al borde de la historia: “No lo sueltes”, “Agárralo fuerte” y es así como comienza nuestra historia con los apegos.
Enseñar a los hijos a soltar es con paciencia, respeto, cariño y comunicación. Se vale estar triste, que duela pero el sufrimiento si es opcional. Y el perdón libera al que lo otorga no al que daña.
Cada uno como padre tenemos instintivamente estas enseñanzas, pongamos un poquito más de atención a nuestras acciones que son las que al final los hijos terminan aprendiendo.
Les deseo Paz.