Viajes y amigos

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Si yo pudiera disponer de una significativa cantidad de dinero, después de comprar una casa, cambiar mi coche y asegurar el futuro de mis dos hijos y de mi mamá me iría a la Ch…Bueno no, pero sí me iría a viajar bien lejos.

Para empezar viajaría a India con mi amiga Lucía, me pasaría a Dubai y a Shanghai, ya que andamos por allá. Visitaría en Holanda a Arcelia, mi compañera de la universidad, y compraría una propiedad en Miami para estar cerca de mi roomie adorada, Su-Nui.

Eso haría sin duda alguna; viajaría muchísimo. Pasaría temporadas en lugares diferentes.

También me encantaría mandar a un camp de basquet a mi hijo y a mi hija a un verano de arte en Florencia.

Compraría un avión, en el que pudiera llevar una semana a mis amigas a Necker Island, la propiedad de Richard Branson, para descansar, divertirnos y chismear.

Creo que no hay mejor inversión que los viajes y los amigos, así gastaría mi dinero. Haría lo que más me gusta: ver películas, leer y escribir, sin presiones, sin preocupaciones.

Seguiría apoyando organizaciones que ayuden a más personas a alcanzar su felicidad y salud. Invertiría en mi tranquilidad y evolución espiritual.

Total, soñar no cuesta nada. El desafío es lograrlo, así que a darle para ahorrar y planear el siguiente viaje mientras soy rica.

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Mentiras

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No hay cosa que me ponga tan mal como cuando cacho a alguien que miente. ¿Qué necesidad?

Lo peor es saber que quieren verte la cara de idiota. Las mentiras salen a la luz; el mentiroso se echa de cabeza el 95 por ciento de la veces –o deja algún cabo suelto– y uno que no es tonto une los puntos y ¡boom! se entera de la verdad.

El fin de mentir es simple, es miedo a la reacción de la otra persona, miedo a las consecuencias. El mentiroso es cobarde.

Ojo, hay quienes no dicen cosas para no herir a otros. Pero si se les pregunta directo lo mejor es una respuesta clara y con la verdad.

El otro día mi esposo me prestó su coche. Se lo fui a dejar a su oficina y al estacionarlo, le pegué en la parte de adelante con un tope. Con las prisas se me pasó decirle y a los 15 minutos recibo un mensaje: “¿Le pegaste al coche? porque abollaste la facia.” Confieso que quise fingir demencia y negarlo (ya saben cómo son los hombres y sus coches), pero decidí decirle la verdad le contesté: “Si, fue estacionando el coche en tu oficina, le calculé mal y le pegué. Lo siento”. Fin del drama. Lo comprendió y no se hizo más grande el asunto.

Igual con mis hijos, les he dicho que les prometo no enojarme siempre y cuando me digan la verdad y se ahorren culpar al otro hermano o a elfos mágicos.

Si están junto a un mitómano huyan, huyan lejos porque quien no es honesto y no cumple su palabra, no respeta nada.

La clásica para aquellos a los que les han mentido:

 

Heels & Me

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Mis primeros tacones los compré para la boda de mi prima hermana, Norma. Llevaba un vestido de top negro de terciopelo y falda de satín fucsia, los tacones eran igual de terciopelo negro ad-hoc para el evento.

Me sentía soñada, no pasaba de los 16 años. Los mismos me sirvieron para mi graduación de prepa.

Después compré otros tacones en mi viaje a Wisconsin. Eran unas botas rudas e impermeables para caminar entre nieve y lodo. Me encantaba su gran tacón pues hacía que me viera menos enana al lado de mi novio de 1.90. Con ellas rodé 12 escalones, pues el piso se volvía resbaloso al contacto del agua, casualmente fue el día que tronamos (dejé de ponérmelas tan seguido).

Después adquirí unos tacones más ejecutivos para el día de mi graduación de la universidad, y me acompañaron en mi primer trabajo. Eran unos tacones de piel negra y tacón ancho muy cómodos.

Los siguientes tacones importantes en mi vida fueron para mi boda. No fueron de satén, ni zapatillas. Fueron unos tenis de lona blancos con cinco centímetros de tacón. Sí confieso que quería comodidad, poder saltar y brincar sin cansarme. La boda comenzó desde las 3 de la tarde y terminó hasta las 6 de la mañana, en Casa Arabesque, y esos tacones cumplieron su función; cero cansancio o molestia.

Sigo comprando tacones. Nada mejora la apariencia y da porte como un tacón. Desafortunadamente, ahora los saco menos del clóset pues los eventos, principalmente infantiles, me obligan a llevar flats o tacones diminutos. Sin embargo, no pierdo ningún pretexto para entaconarme.

¿Qué tacón ha sido importante en su vida?

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Ni tan bueno

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Yo creía que era una virtud ser adaptable; en todas las entrevistas que he tenido en mi vida ya sea para la admisión a la universidad o para algún trabajo decía con orgullo: “Soy muy adaptable”. Si vieran el abanico de amigas tan diferentes que tengo lo comprenderían mejor.

Mi mamá, muy orgullosa, siempre contaba que cuando me llevaba de un año de edad a la fuente de sodas del Sanborns de los Azulejos me sentaba muy derechita sin hacer dramas o berrinches. Era una niña súper bien portada en resumidas cuentas. Me adaptaba a todas las situaciones y personas. Ya saben: calladita, más bonita.

Pero hace poco descubrí que lo que estaba haciendo era ser pasiva, no causativa. En pocas palabras mantener la fiesta en paz. Mejor no digo, mejor no hago, y eso ya no me pareció ser una virtud, al contrario, querer darle a todo el mundo por su lado es muy complicado.

Me di cuenta de que aceptar las decisiones de otros no me ayuda a crecer ni yo estoy poniendo mi granito de arena para mejorar o cambiar las cosas. Es un acto de fortaleza diario confrontar a otro (eso sí, de forma muy chic®) y decirle: “No pienso lo mismo que tu”. Créanme que me cuesta, pero estoy segura de que hay una opción mejor que beneficia a más personas. Si lo aceptan, brinco de felicidad.

Estoy segura que cuando ustedes lo hagan se sentirán satisfechos, si les dicen: “¡Cuernos! Así no”, también es necesario no tomárselo personal. Saber que hay personas que tienen otras experiencias en la cabeza y que para ellos no es lo ideal.

¿Adaptarse o morir? Yo digo que morir en el intento de cambiar para mejor lo que se nos presente porque eso de vivir con condiciones ajenas, eso sí es estar muerto en vida.

¿Cómo, cuándo y dónde educar?

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Como padres tenemos diariamente múltiples oportunidades de educar, sólo hay que tener las antenas bien paradas para aprovecharlas. Por ejemplo, el fin de semana pasado hubo un torneo de golf al que asistimos, el Lorena Ochoa Invitational, la última parada de la gira de la LPGA (Ladies Professional Golf Association); las mejores golfistas del mundo acudieron a él.

Mi hijo lleva menos de dos meses aprendiendo golf y le emocionaba mucho verlas y tomarse foto con ellas. Había una en particular que quería conocer; Paula Creamer aka La Pantera Rosa. Una chava de casi 1.80, rubia y guapísima (nada perdido mi chamaco), junto con ella estaban en su grupo una noruega, Suzann Petersen, y una estadounidense, Christina Kim.

Ahí fuimos siguiéndolas y noté que Creamer y Petersen (guapísimas con cuerpo perfecto) tenían un carácter de la fregada y le mencioné a mi hijo: “Por su actitud hasta se ven feas”, a lo cual mi peque asintió. En cambio Kim, de descendencia asiática era llenita pero, literal, desbordaba alegría y buena vibra. Festejaba los golpes de sus rivales y si ella fallaba se moría de risa mientras que a las otras les salía humo de las orejas.

En una ocasión la Pink Panther falló dos tiros seguidos, aventó su bastón, se repetía que era una estúpida y la cara se le alargó un metro. Mi hijo me dijo: “Creo que hoy no va a estar de humor para dar autógrafos o sacarse fotos”.

Al día siguiente las dos rubias bajaron su calificación y la que permaneció en el grupo puntero fue Kim, quien no sólo se mantuvo en la primera posición del torneo sino que, por su forma de ser, se echó a la bolsa a todos los asistentes quienes la apoyaron completamente el último día.

Christina siempre agradeció los aplausos, celebraba a sus contrincantes y no se tomaba muy en serio ni a ella ni al torneo. Lo disfrutó. Además, se controlaba, esa mente fría hizo que en el último hoyo desempatara dos veces. Ganó y saltó de felicidad, su mejor amiga corrió a felicitarla y lloraron abrazadas por un minuto mientras todos los asistentes nos levantamos a aplaudirle largo y tendido.

Eso le hice ver a mi hijo:

  • Siempre se debe dar lo mejor de forma humilde y de buen humor.
  • Reconocer cuando otro hace las cosas mejor que nosotros.
  • Agradecer siempre.

Christina llevaba más de nueve años sin ganar un sólo torneo, esa perseverancia me sorprendió al igual que en su discurso: mencionó que le hubiera gustado ver ganar a la golfista que quedó en segundo lugar, dijo que se lo merecía.

Y después de estar más de cuatro horas jugando, la ganadora estuvo casi dos horas con los medios y dos más firmando autógrafos y tomándose fotos con todo el que se lo pedía, siempre con una gran sonrisa.

Aquí nuestra foto:

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Snacks saludables

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Qué difícil es ver películas sin entrarle al antojito (inserte emoticón de sufrimiento), y es que como buena cinéfila cada semana, sin falta, voy al cine, y en la casa ahora con el bendito Netflix pues los niños también van que vuelan para tener el mismo hobby que yo. Mientras disfrutamos de la película y compañía compartimos botanas, llámense palomitas, chocolates, galletas, nachos, etcétera. La variedad es amplia y la caloría abundante.

Eso la verdad me está cayendo fatal pues lo que quemo con el sudor de mi frente en el gym, rápidamente lo recupero en estas tardes de película.

Tampoco quiero dejarlo de hacer, creo que convivir y pasar tiempo con los peques es súper importante y no quiero privarlos de la botana sólo porque yo quiero bajar de peso (ellos ni vela en el entierro).

La semana pasada me invitaron a formar parte del Stream Team de Netflix, en el que varias mamás blogueras vamos a comunicar las noticias sobre las nuevas series y películas exclusivas. La empresa me sorprendió al estar muy orientada hacia la familia y la importancia de comer sano. Llevó a Laura Ramos de www.marianaginsburg.com, quien nos dio algunas ideas de snacks sanos.

Aquí les van dos ideas y espero que ustedes también los prueben e involucren a los peques en la producción de los mismos:

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Para Maléfica necesitan:

  • Tortitas de arroz
  • Plumón comestible
  • Hojas de alga nori
  • Ejotes
  • Dátiles
  • Nueces

Dibujen en la tortita de arroz la cara de Maléfica, recorten con tijeras el alga nori con la forma de los cuernos y el vestido, hagan su vara con ejotes cocidos y corten un dátil por la mitad para ponerlo encima de la vara. Pongan almendras y ¡listo!

Para el gusanito necesitan:

  • Plátano
  • Alga nori
  • Una tortita de arroz
  • Nutella
  • Plumones comestibles

Corten en rodajas el plátano, entre dos rodajas pongan un poco de Nutella. Corten con tijeras el alga para hacer el pasto. Recorten la tortita de arroz en un círculo más pequeño para que sea la cabeza del gusano y con el plátano formen el cuerpo. Dibujen las patas y antenas con los plumones comestibles.

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Estos snacks saludables fueron todo un éxito, hasta el peque mayor escribió: “Gracias”.

 

Entre el cielo y el infierno hay palomas azules

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Que rollo con la nueva actualización de WA sus nuevos accesorios para hacerle la vida miserable a todo aquel que tenga cola que le pisen y, no sólo eso, a todo aquel que tiene mil cosas que leer o revisar y se tarda en contestar.

Me ha pasado, y miren que yo trato de, por lo menos, responder carita feliz o pulgar levantado en lo que me da la vida leer. Y es que entre las clases de la tarde, la comida, mis cursos, partido del peque mayor y compromisos de la chiquita, a veces leo pero no contesto; eso no quiere decir que me dé flojera, lo haya ignorado o me haga la interesante. Simplemente necesito estar como ahorita a las 7:37 de la noche de jueves, por fin en mi cama revisando con calma los pendientes de todo el día.

Las palomitas azules son el ejemplo perfecto de la inmediatez en la que vivimos, hace apenas dos semanas hablé de la generación microondas  todo rapidito en el momento ¡Ya!

Decían que el nombre de la blackberry proviene del símbolo antiguo de esclavitud en Estados Unidos que decía que estaría forzado a dejar su vida hasta perecer sin poder escapar en esos campos de siembra. En la actualidad los smartphones son esos grilletes que ahora nos atan a estar siempre disponibles y nos han eliminado la paciencia.

Hoy, por ejemplo, me perdí una gran canasta que metió mi hijo en un partido: sólo oí aplausos y un wow de sus compañeros, ¡carajo! Por mandar un correo que ni siquiera era urgente. Ya le prometí que en el momento en que lo metan a jugar, el celular se va a mi bolsa. No vuelvo a perderme ninguna de sus jugadas.

Los correos y las dobles palomitas ahí seguirán. ¿La gente se molestará? Espero que no. Sería darle mucho poder a dos palomas y a los demás al cederles nuestro ánimo y humor si leen o no. Ahora si que la doble palomita azul no es apta para Jarritos de Tlaquepaque.

Disfrutemos a los que están, a los que nos leen, los que demuestran y a los seres que tenemos a un lado no del otro lado de la pantalla. Y si es muy urgente y no contesto, échenme una llamada. Pero puede que mi hijo este jugando basquet y les entrará el buzón. Prometo regresarles la llamada pronto.

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Corazones en cambio

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En toda relación, la forma de amar va cambiando, no es lo mismo los primeros días de emoción y enamoramiento a estar en una relación de más de 14 años. Estaría increíble que se mantuviera igual; sentir a los 10 años de casados las mismas mariposas que el primer día.

En mi matrimonio (12 años de casados y dos de novios) por supuesto que no somos los mismos. No creo que sea malo, al contrario, hemos crecido, evolucionado y cambiado para bien. Heráclito dijo que lo único que permanece es el cambio. Y ese sentimiento de amor y deseo del principio se ha transformado; claro, no somos perfectos, hemos pasado momentos muy tristes y peleas como todas las parejas. Creo que el chiste es hablar, reconocer las fallas y tratar de corregirlas.

Cada uno traemos una historia en nuestro pasado, la ventaja es que eso no nos define. Las acciones del presente, las ganas de crear un buen matrimonio es lo que debe de prevalecer.

Claro que hay barreras, hay personas en contra como en cualquier juego, el chiste de la vida es sobrepasar esos obstáculos para conseguir el propósito –la meta–. Si no existieran estos obstáculos la vida sería más fácil, claro. Pero sería muy aburrido. La emoción consiste en salir fortalecido con cada experiencia.

He pensado que la vida es un juego que cada quien crea. Si está horrible y no le ves futuro es por las acciones que se han hecho y, por lo tanto, producen que te encuentres así. Toma responsabilidad acepta tus fallas, errores.

Si lo creaste, si lo causaste, de la misma forma lo puedes solucionar. Y no digo que solucionarlo sea mandar todo a la fregada, no. Una solución debe de ser buena para cada una de las partes sin destruir, creando una nueva dinámica. Hablo de buscar el mejor bien para la mayoría.

Los tips que mi esposo y yo aplicamos para solucionar los problemas son:

  1. Hablar. De todo, tratando de no interrumpir y sin herir al otro.
  2. Escuchar. De verdad estar ahí, sin celulares, televisión u otros distractores y sin interrumpir. Tener una comunicación completa dando acuses de recibo como: “te entiendo”, “ya comprendo” o un simple y poderoso “gracias por decírmelo”.
  3. Apoyo. “¿En qué te ayudo?” Simple y directo, qué podemos hacer nosotros para hacerle la vida más fácil a nuestra pareja
  4. Perdonar. Mientras nos demos cuenta de que todos somos falibles y tengamos el propósito de resarcir el daño, vamos por buen camino. El orgullo, no poder aceptar que la regamos o no querer ver nuestras fallas son los peores enemigos en cualquier relación.
  5. Aceptarse. Antes que nada a uno mismo, amarse es básico para poder querer a otro. Y ahí viene la otra parte: aceptar al otro con sus fallas, manías y extravagancias. Recordemos que lo que nos choca es porque nos checa. Hagamos un análisis objetivo. Al aceptar al otro tal cual es nos liberamos de luchar en contra de esa persona y amarla como es.

Nadie dijo que es fácil, sin embargo creo que tampoco es imposible. Aprovecho para agradecerle a Aries –mi esposo– todo su trabajo, dedicación e interés por mi bienestar y superación personal. Así como el regalo más grande que han sido nuestros hijos. ¡Gracias!

Les dejo nuestra canción:

 

Amor/odio

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Odio las selfies. Sí, así de crudo y directo. No les veo el caso. Y las que son con cara de pato, sacando la lengua o aventando un beso menos.

Pero ¿qué creen? a mis hijos les encantan. Sus amigos se toman selfies y ellos no se quieren quedar atrás, y sí, yo he caído en la tentación una que otra vez (muchas más); ahí andan dos que tres (más de 10) selfies en mi Instagram.

Pero ¿dónde se inició esto?

La web británica, Mirror News, reveló el primer selfie de la historia que fue tomado en 1839 por Robert Cornelius. Se trata de un autorretrato que fue captado en un espejo.

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Se trata de un químico amateur y aficionado a la fotografía que vivía en Filadelfia. Robert captó su autorretrato en la tienda de su familia. Me imagino que antes de esto fueron los autorretratos de los grandes pintores.

El clímax de esta moda, sin duda, fue en la entrega de los premios Oscar de este año, cuando Ellen Degeneres –la conductora del evento– invitó a algunos actores a posar con ella para una selfie para publicarla en Twitter y pidió que fuera retuiteada, lo que causó que esta red social se cayera por todo el tráfico que causó su petición.

Hasta este momento tiene 3.2 millones de RTs, aquí la prueba:

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Después de esto, se volvieron un must…bueno, hasta Barack Obama se buscó un problema con su primera dama al estar bien animado tomándose la selfie del recuerdo en el funeral de Nelson Mandela juntó con la (nada fea) Primer Ministra Danesa y el Primer ministro Inglés David Cameron.

Lo debo de reconocer y lamentablemente aceptar: las selfies llegaron para quedarse y para muestra varios botones que me he tomando y que les dejo por aquí:

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Generación microondas

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Mientras viví en Estados Unidos fui a una clase de nutrición, la maestra explicaba que nosotros somos la Generación microondas; todo lo queremos rápido, ver resultados inmediatos. Ella se refería a los resultados físicos que producía una dieta saludable combinada con ejercicios y que toma tiempo para tener un peso saludable que se mantenga. Hablaba de las dietas de hambre que producen resultados rápidos pero que el rebote es igual de inmediato.

Ahora lo vemos en la mayoría de las áreas de nuestra vida. Nos estamos brincando los procesos, vivimos en una presión constante por obtener resultados en el menor tiempo posible. Eso de “tiempo al tiempo” está pasado de moda.

Últimamente he tenido bastante tiempo para reflexionar pues estoy en un recorrido de purificación, me estoy desintoxicando de químicos, toxinas y hasta del uso del celular pues diario paso más de seis horas desconectada del mundo exterior.

Es un proceso que requiere tiempo, mucho tiempo y aunque parezca extraño, al salir claro que reviso mensajes pero lo que más anhelo es ver a mis hijos; ellos, aunque no resienten mi ausencia pues es el tiempo que pasan en la escuela, han estado más pegados a mí.

He puesto mis prioridades en orden, tengo la mente más clara y también siento que resuelvo más cosas en menos tiempo pues debo de dejar todo listo para poder desconectarme al día siguiente de nuevo.

Llevo 38 días de este ciclo, el tiempo que dura no lo determina nadie más que uno mismo y siento que aún me faltan unos cuantos días. Podría acelerar el proceso pero he aprendido que corretear resultados, apresurarlos, no es lo óptimo.

Cada uno sabe que necesita y el tiempo que le lleva a conseguirlo.

Les dejo una de mis canciones favoritas sobre el tiempo…