Generación No más lágrimas

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No hay ninguna madre o padre que quiera ver a sus hijos sufrir, estoy segura. Pero siento que ya se nos pasó la mano con eso de querer evitar a toda costa que experimenten un poco de dolor y/o frustración. Siento que esta generación se está convirtiendo en una sin lágrimas y no creo que sea bueno.

Hace unos tres años hubo una clase abierta para padres en la escuela de mi hijo. Llegué feliz súper temprano para ver lo que mi peque hermoso había hecho de proyecto. ¡Oh sorpresa! no había un sólo trabajo de mi hijo pegado en las paredes. Esto podría ser pretexto válido para armar tremendo zafarrancho con la maestra y hasta con la directora general.

Obvio me puse triste pero observé, traté de ser objetiva, vi los demás trabajos y comprendí; mi hijo no se esforzó lo suficiente. Reconocí que los de mi hijo no eran para exposición; hojas arrugadas, manchones de goma, nada de ilustración o dibujitos, y letras como patas de araña.

Lo alejé de todo el grupo y hablé con él: “¿Por qué crees que no pusieron ningún trabajo tuyo?” Su carita de asombro e ignorancia, mezclada con un poco de pena, me hizo sentir un poco mal pero continúe: “¿Ya viste los trabajos de los demás, sin tachones, letra bonita y dibujos?” No me contestó, sólo asintió. “Si quieres que para la siguiente exposición muestren tus trabajos debes de esforzarte más y si quieres te ayudo”. Por fin lo vi sonreír un poco.

Y así fue. Hemos estado más de tres años trabajando juntos, el primer año diario encima de él, supervisando tareas, ayudando con los proyectos (no haciéndoselos). Estudiando toda la tarde. No es fácil, hemos tenido explosiones de berrinches, dramas, etcétera. En matemáticas igual, de mal en peor, y ahí si me declaro cero competente en la materia por lo que recurrí al Kumon.

El segundo año sólo estuve al lado de mi hijo el 100% en época de exámenes, y claro, supervisando tareas y trabajos; dando alguna idea para los proyectos.

Este tercer año el peque tiene hábitos de estudio, usa mapas mentales, hace guías, termina la tarea antes de jugar y cuando salimos de vacaciones en época de exámenes se levantó una hora antes que todos para estudiar. No es coincidencia que ahora tenga un promedio de 9. Se lo ha ganado por su propio esfuerzo. Se ha vuelto responsable.

Hace dos semanas la miss cometió un pecado mortal, les pidió a los de mejores calificaciones hacer unos exámenes especiales y los separó del grupo. Craso error, los demás niños se sintieron mal, como burros, y las mamás se ofendieron. A mi hijo le empezaron a decir que ya se veía como nerd (vean este video por favor) lo cual me comentó sin preocupación, pero es realmente notoria la poca tolerancia a la frustración que se maneja entre los niños. Al final la maestra no continuó con el proyecto.

Imaginen el mismo caso en una empresa que selecciona a sus mejores empleados para un proyecto y todos los demás van a la Comisión de Derechos Humanos para levantar demanda por discriminación en el área de trabajo. Ridículo.

Igual pasa en los deportes, a mi peque lo bajaron al equipo B (el equipo A es el titular) y en lugar de ponerse triste comenzó a practicar más. En la vida le he dicho: “Si quieres voy a hablar con el coach para que te cambie”. Él sabe que mi respuesta será: “Demuestra que perteneces al equipo A. Debes dar más que el 100. Sé que tu puedes”.

Esa es otra cosa. Decirles a tus hijos que crees en ellos, que pueden sacar mejor calificación, que son inteligentes, que pueden resolver sus problemas solos, que pueden ser los mejores en cualquier área. De verdad que eso hace que ellos también lo crean. Confíen en sus hijos, motívenlos a esforzarse más y cuando lo logren feliciten el esfuerzo más que el resultado.

Les dejo un gran artículo sobre resilencia. La palabra viene del latín resilio que significa volver atrás, rebotar, saltar. Se usa en la Física para describir la capacidad de ciertos materiales de volver a su forma original luego de sufrir transformaciones. El mejor ejemplo es una liga. En psicología se usa para describir la capacidad de las personas para desarrollarse de manera saludable y exitosa pese ha haber nacido o crecido en situaciones adversas. (Rutter, 1993).

Aquí el artículo

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2 thoughts on “Generación No más lágrimas

  1. Me encanto leer lo que escribiste, me sentí identificada. Tengo dos niñas una de 9 y otra de 7 años. A la pequeña todo se le ha dado muy fácil, pero no por eso ha estado exenta de las etiquetas y las envidias. La grande es toda una luchadora, cuando estaba en el kinder me dijeron que tenía trastorno de atención y prácticamente le dieron una sentencia de muerte escolar… que si no estaba en grupos pequeños, con atención personal, atención psicológica por el divorcio de sus papás, la niña nunca pasaría al “cuadro de honor” como elegantemente lo llaman. Decidí tomar a mis hijas y darles las gracias y las metí a una escuela con educación tradicional, pero con maestros, por lo menos ese primer año, que no juzgan ni ponen etiquetas. Fue una labor titánica entre la niña, la maestra y yo, pero cada quien asumió la parte que le tocaba, y tres años después mi niña se siente confiada, segura de lo que hace, (no fue un camino fácil, lo admito) no tiene trastorno de atención, se esfuerza y ha entendido que en la medida en que lo haga obtendrá los resultados que espera. Se siente feliz y yo orgullosa de ella. Me queda claro que aún falta muchísimo en cuanto a educación en este país, para poder dejar atrás las etiquetas que derrumban el espíritu de un niño.¡Saludos!

  2. Mi querida Irene, aplausos sonoros a tu columna. Por muchas cosas. Desde hablar de un tema importantísimo a nivel educativo (que muchos están ignorando) hasta tener la valentía de hablar con tu hijo, hacerle ver su error (no su defecto), hacerle ver la oportunidad (y ahí si, sus cualidades), y sobre todo…por acompañarlo en el proceso. ¿Cuantos papás creen que con decir “esfuérzate más” se arregla todo? El esfuerzo también se enseña, uno no nace sabiendo qué es esforzarse, o cómo se hace. Y cuando aprendes qué es el esfuerzo, sabes que necesitarás apoyo para no caer a la mitad del camino. Muchas felicidades de verdad, por reconocer que en este mundo existen diferencias entre los niños como entre los humanos, unos somos mejores que otros….y no pasa nada!!! Que terquedad con querer que todos los niños sean “niños de 10″…..el chiste es saber en qué SI eres de 10 y en qué NO (como aquello del kumon). Sólo así los niños serán adolescentes y adultos que conozcan sus fortalezas y puedan ser unos buenazos en sus profesiones. Y hablando de Resiliencia, te recomiendo “Los Patitos Feos”, de los mejores libros en el tema. Muchas felicidades otra vez, siempre es una delicia leerte!

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