Lo que sí vale, Vale

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“Mamá ¿por qué dicen que una persona es rica cuando tiene mucho dinero?” Así preguntó la nena de cinco hace unos días. Mientras la peinaba, pensé que lo mejor era enseñarle la diferencia entre riqueza y la solvencia económica; difícil por su edad, pero traté de hacerlo lo más sencillo posible: “Fíjate que una persona rica no es aquella que tiene muchas cosas, sino la que posee muchas cosas que no se pueden comprar con el dinero.”

Sus ojitos me indicaron que no había entendido ni madres, así que comencé a darle ejemplos: “A ver, Valeria ¿tienes dos piernas?” A lo que contestó que sí. “Ahora imagina una persona que tiene una casa enorme, alberca y avión privado, pero no tiene piernas ¿Quién es más rico, tú o la persona con el avión? La nena con cara de “obvio”, me contestó: “La del avión”.

¡Fuck! Iba a tirar la toalla pero insistí: “Exacto, esa persona tiene mucho dinero, pero ¿has visto en Liverpool que se vendan piernas?” Ahora sus ojos se abrieron entre sorpresa y diversión, negó con la cabeza y continué: “¿Has visto que vendan ojos en Superama, orejas en la papelería o manos en la esquina de la casa?

Soltó una carcajada y contestó: “Nooooo”.

“OK –proseguí–, todo aquello que no se puede comprar es lo que hace a una persona rica. Además de tener salud tenemos algo que nos hace muuuy ricos.”

Su cara curiosa y sus cejas levantadas siempre me indican que está esperando una revelación, así que continué: “Tienes una familia que te adora, tus abuelas, abuelo, tu papá, yo y tu hermano que, aunque a veces se pelean, sabes que te quiere”. Apareció una gran sonrisa en su cara. Le pregunté si sabía que la riqueza con la que contaba era inmensa, suspiró con la misma sonrisa y dijo que si.

“Pero, ¿qué crees, Vale? Todavía no se acaban todas tus riquezas –me miró con cara de sospecha–, falta algo que hace que la vida de una persona sea además de rica, súper divertida.” De nuevo esas cejas levantadas aparecieron y esperó la respuesta. “Todos tus amigos. Ellos siempre hacen que valga la pena”. Le aclaré que tampoco están a la venta en ningún lugar, los amigos nacen de la convivencia, el respeto y cariño diario. Hicimos un repaso de cada uno de ellos; los que ve diario en la escuela, los nuevos y también los que se han ido lejos. Aclarándole que la amistad, a pesar de la distancia, se mantiene.

Para terminar le dije que no está mal tener muchas cosas lindas que el dinero puede comprar, además de que se puede ayudar a muchas personas, pero aún si se perdiera todo el dinero y cosas materiales, nos quedan grandes riquezas por disfrutar: ver un atardecer, escuchar una canción, tirarse al pasto y sentir el sol, jugar con los abuelos, saborear un rico helado, patear pelota con el hermano, reír con los amigos, etcétera.

Apelando a su carita sonriente, la nena se fue tranquila, sintiéndose una de las personas más ricas del planeta…y yo también.

Foto Irene
No todo lo que brilla es oro, hay cosas que valen mucho más

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No darse por vencido

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Hace un año y medio, mi hijo mayor quiso cambiarse de taller vespertino en la escuela; tomaba arte en plastilina y decidió que el basquetbol era lo suyo. Él solito arregló lo de su cambio y comenzó a asistir a los entrenamientos dos veces por semana.

Llevaba menos de un mes practicando el nuevo deporte, cuando se presentó el primer partido contra una escuela visitante. Nos pidieron asistir para apoyar a nuestros peques. El otro equipo estaba rudo, se veía que llevaban más tiempo entrenando juntos, los nuestros estaban verdes. El coach primero metió a los mejores, hacía los cambios con cautela; mi hijo le rogaba que por favor lo metiera a jugar.

Recuerdo que en secundaria yo jugaba voleibol, era malona. Lo último que imaginaba es que me fueran a dejar entrar en un partido; es más, ni me animaba a entrar porque si me metían y fallaba, no me la iba a acabar con mis compañeras de equipo.

El coach metió a un niño, a los cinco minutos hizo cambio de otro jugador, y en el último cuarto del partido las súplicas de mi peque rindieron frutos: lo metió a jugar. Siento decirles que no fue él quien salvó el juego ni tampoco anotó, al contrario, cometió varios errores. Yo estaba roja de pena y con miedo de que me fueran a decir algo los papás de los compañeros. Tampoco fue así, todos aplaudían si se cometía un error, incluso el abuelo de uno de los mejores jugadores del equipo gritaba: “Buen intento, Max. Vamos, equipo”, así con todos los demás.

El entrenador incluyó a cada uno de los peques y todos dieron su máximo esfuerzo. Nunca vi que los mejores se molestaran o criticaran a los nuevos. Realmente me sorprendió. En mis épocas nunca se metía al novato al final, es más, en ningún momento del partido. El coach sacrificó el resultado, pero les enseñó a todos el verdadero sentido de un equipo: todos juegan, todos somos responsables del resultado, todos somos compañeros. Le estoy infinitamente agradecida.

De la misma forma, los otros padres me daban ánimos, me decían que así empezaban todos, que era trabajo a largo plazo y, en pocas palabras, que no me preocupara. Una cosa era clara, mi peque sabía que él podía contra cualquiera.

En ese primer partido el coach les gritó: “¡Cubran a uno!” (de los jugadores contrarios) y Max (que es de los más pequeños de edad y talla) se fue directo a cubrir al más alto de los oponentes; falta de autoestima no tiene, me encantó. Al final de eso se trata la maternidad, de darles las bases y que estén preparados para sus batallas.

Pasaron muchos partidos más y, poco a poco, Max fue mejorando hasta ser uno de los destacados, con ese entusiasmo de salir a jugar sin importar el contrincante. Esa es la verdadera ganancia: no darse por vencido a la primera, a la segunda o a la tercera. Sólo hay que dar lo mejor de sí en cada momento.

Cuando veo que se pone triste porque no ganaron le enseño esta foto:
Foto Irene 2

Manual de supervivencia

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Lunes después de Semana Santa, dan las 9:00 horas y no llega Mati, mi asistente ejecutiva (doméstica).

10:00 Todo sereno.

11:00 Primer mensaje de texto (no vaya a creer que estoy desesperada) “Hola, Mati ¿ya vienes?”

12:00 Empiezo a ver los efectos colaterales de una semana sin ayuda doméstica y niños 24/7 en la casa.

14:15 Segundo mensaje: “Avísame si llegas más tarde porque voy a salir”.

14:22 Tercer mensaje (creo que fue muy rudo el segundo mensaje): “No, ya no voy a salir. Aquí te espero”.

¡Fuck! Ya es hora de la comida y no fui al súper por esperar a que llegara Mati. Domino’s suena bien.

15:00 Suena el timbre. ¡Wow, ya llegó Mati! Corro a abrir la puerta. ¡Sorpresa! era la pizza 😦

15:03 Declaro estado de emergencia en mi casa, sólo se usarán platos desechables.

15:05 Checo el celular, de seguro no tengo señal…cuatro rayitas.

15:07 Vuelvo a revisar el celular, me marco desde la casa…sí suena.

15:10 Le llamo a mi esposo para que me envíe un mensaje, de seguro se descompuso.

15:11 Llega un mensaje de parte de mi esposo: “Hola”.

15:25 Me pongo a pensar: ¿cuándo me convertí en una adolescente de nuevo esperando una llamada?

15:30 Abro una botella de vino. Ahogaré mis penas.

16:05 Ya llevo dos copas, voy al cuarto de Mati para ver si se llevó sus cosas.

16:06 Salto de felicidad pues dejó toda sus pertenencias. La esperanza vuelve a nacer.

16:07 Cuarto mensaje: “¿Te pasó algo? Avísame, por favor” es la única explicación en mi mente.

19:55 Recuerdo que la última vez llegó a las 8 de la noche.

20:01 Pienso que lo más seguro es que llegue mañana temprano. Si, a mucha honra, soy del grupo de los optimistas y me preocupa que tal vez sea próximamente del grupo de AA. Me acabé la botella.

9:00 del día siguiente, No llegó ni llamó ¿Y ahora qué hago?

Aquí les doy los 10 pasos para sobrevivir cuando nos falta la ayuda en casa y evitar un ataque de nervios:

1. Haz de desayunar. Panza llena, corazón contento.

2. Lava trastes sólo por 10 minutos. No queremos llegar al punto de no querer hacer otra cosa más.

3. Tiende camas, cuelga ropa y si los peques andan por ahí, dales una canasta a cada uno para ver quién recoge más juguetes en 30 segundos.

4. Mete una tanda de ropa a la lavadora.

5. Lava trastes otros 10 minutos.

6. Vacía los botes de basura.

7. Dale una lavada rápida a los WC (Tenemos la esperanza de que la persona que nos ayuda llega al día siguiente para lavarlos a fondo).

8. Mete a la secadora o cuelga la ropa que salió de la lavadora y mete otra tanda de ropa.

9. Mereces unos minutos de descanso. Prepara te, bocadillos y juega cinco vidas de Candy Crush.

10. Comida a domicilio y platos desechables 😉

11. Si todo lo anterior no funciona llama urgentemente a…

Foto Irene

El caso es conservar la calma. Comenzar por lo más sencillo y eso nos motivará a seguir.

P.D. Pude contactar a Mati hasta 15 días después, me dejó dos veces más esperándola para que pasara por sus cosas y, por fin, llegó tres meses después por tres bolsas grandes de ropa y zapatos.